Tengo autismo, y no me importa lo que pienses de mi

articulo extraido del blog autismo diario

Esta semana se publica en la revistaProceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) un curioso estudio titulado “Insensitivity to social reputation in autism”. El citado estudio nos habla del comportamiento de las personas con autismo ante situaciones sociales donde normalmente cambiamos nuestro modo de actuar en función de la presencia de terceras personas. En cómo el juicio de los demás sobre nuestras acciones nos afecta, pero no así a las personas con autismo. Ya abordamos parte de este tema en el artículo que publicamos en marzo titulado “Los juicios morales, la empatía y la teoría de la mente“.

En este estudio participaron 21 personas adultas, de las cuales 10 con un diagnóstico de Autismo de Alto Funcionamiento (AAF). La base del mismo trata de averiguar en cómo las personas somos influidas por la presencia de terceros a la hora de tomar decisiones, y si la presencia de terceros afectaba o no a la toma de decisiones por parte de personas con autismo. Para ello se diseñó un juego de ordenador y a cada jugador se le asignó una determinada cantidad de dinero. A continuación se les preguntó si deseaban donar algún dinero a caridad. Cada vez que donaban dinero, evidentemente perdían parte del dinero asignado inicialmente. Cuando un observador estaba presente, las personas sin autismo tendían a donar más dinero a caridad, mientras que en el grupo de personas con AAF, no se observó ningún cambio en su modo de actuar, ya hubiese o no un observador.

A continuación se midió la capacidad de atención en una prueba consistente en pulsar determinadas teclas en función de la aparición de la letra X en la pantalla. Ambos grupos mostraron la misma capacidad de atención, indistintamente de si había o no observadores

Básicamente el objeto de este estudio de laboratorio pretendía reforzar la teoría sobre los modelos de comportamiento social y la falta de empatía de las personas con autismo en este tipo de situaciones. Pero yendo un poco más allá a la hora del establecimiento de juicios sobre la actuación en un entorno social determinado. Es decir, si la presencia de terceros influye en nuestras acciones, básicamente por aquello del “qué dirán” en el conjunto social, mientras que las personas con AAF sencillamente no se ven afectadas por esta presión social. Esta carencia en la metacognición (Teoría de la Mente) marca una gran diferencia a la hora del comportamiento social, la falta de previsión sobre el comportamiento del otro genera conductas que a veces se pueden considerar como arrogantes, o de personas raras. Muy típicas en persona con Síndrome de Asperger y AAF, y que generan muchas veces el efecto de sinceridad extrema, algo que francamente no siempre da buenos resultados en un entorno social.

Tabla de datos de los participantes del estudio

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