Educación emocional en el autismo: ¿Mamá contenta?

articulo extraido del blog autismo diario

Los aspectos emocionales en las personas con autismo son uno de los aspectos menos abordados en la intervención. Se habla mucho de los problemas sensoriales, de los aspectos conductuales, de la comunicación,…, pero se trabaja poco la mejora de la frustración, el control de las emociones, la forma de expresarlas, y sobre todo, el fomento de la autoestima. Aunque ciertamente exista cierta conexión entre los problemas sensoriales y de comunicación con los problemas emocionales, a veces poder encajar todas las piezas del puzle es realmente complejo.

Da igual si hablamos de personas con altas necesidades de apoyo como de alto funcionamiento, los aspectos relativos a la calidad emocional suelen presentar muchas carencias en el conjunto de intervenciones. Hablamos mucho de la importancia del niño feliz, pero en muchas ocasiones este aspecto es complejo y no siempre sabemos cómo abordar correctamente un modelo adecuado para el fomento de la autoestima, de la reducción de la ansiedad, etcétera.

En estos tiempos he observado que es común durante el trabajo, sobre todo en edades tempranas, el uso de apoyos visuales para que, tras acabar una tarea de forma correcta por parte del niño, poner un pictograma de mamá, o papá, o el terapeuta, o maestra, o quien sea que esté trabajando con el niño, con cara feliz. De forma que el niño ve como quien le hace la petición de algo, cuando el niño lo realiza correctamente, aunque se le suele decir de forma efusiva ¡Muy bien, estupendo! u otros apoyos verbales para decir que hizo un gran trabajo, ponemos el pictograma de mamá contenta (O de quien sea que está con el niño en ese momento). Es usado como una especie de refuerzo al acto realizado adecuadamente.mama contenta

Ahora bien, ¿qué pasa cuando por alguna razón estamos tristes o enfadados por algo externo al niño? Es decir, si cuando hace bien algo le reforzamos con un pictograma donde estamos contentos, si un día no lo estamos, la probabilidad que el niño piense -debido a que suelen generalizar en exceso- que estamos tristes por su culpa es muy elevada. Si ya suelen tener una autoestima baja, mejor no les ayudamos a empeorarlo.

Es importante poder reflexionar sobre cómo enfrentamos el modelo de apoyo al niño para aumentar su autoestima, y es importante que entienda que él será quien esté contento cuando las cosas salgan bien, esto implica que pueda adquirir cierta conciencia de que cuando me esfuerzo y las cosas salen bien, yo estoy feliz, y los demás como consecuencia también, pero evitamos que si en un momento determinado estamos tristes no asociará nuestro estado anímico a algo que el niño crea que es culpa suya.

Es muy habitual encontrarse con un perfil de “niño quemado” motivado por ansiedad, frustración, crisis continuadas por alteraciones sensoriales, y otros aspectos que condicionan de forma negativa el desarrollo del niño, llegando a tener bloqueos emocionales de consecuencias negativas. De igual forma vemos como se disparan las estereotipias, los momentos de ensimismamiento, o el rechazo social se agudiza. Ese miedo está perfectamente justificado en el niño. Por eso es tan importante trabajar para revertir esa situación. El apoyo es fundamental, pero sobre todo trabajar para aumentar la autoestima, tener un buen control sobre las frustraciones es importantísimo. Vemos como en muchas ocasiones el niño se ve incapaz de realizar algún tipo de tarea (¡Mucha atención a las sobreexigencias!), esto le lleva a la frustración, la cual puede desembocar en berrinches, en este caso justificados. Trabajar en esos momentos desde la calma y el afecto es fundamental. Que el propio niño nos guíe a través de su estado emocional es muy importante.

Termómetro realizado por Esther Cuadrado

Podemos usar termómetros emocionales para que el niño nos sitúe en su estado en un momento determinado, y darle herramientas para afrontar esos momentos de frustración. O sencillamente enseñarle a buscar un apoyo determinado, pero nuestro objetivo final es que el niño integre adecuadamente que las consecuencias positivas deben impactar en el y no en los demás. Y que ante situaciones negativas, estamos para apoyarle, no para ser causa de las mismas. De esta forma, podemos conseguir que el niño, ante situaciones agradables tenga su auto-recompensa emocional, y ante situaciones desagradables, sepa que puede pedir apoyo para regresar a un estado mejor. Esto le evitará muchos momentos de frustración, incrementará su petición de apoyo, que en el fondo conlleva atención conjunta, y sobre todo, evitará que el niño pueda malinterpretar momentos de culpabilidad ante el malestar de otras personas. Evitaremos que generalice este aspecto y le daremos herramientas que apoyen su desarrollo en la vida diaria.

Se trabaja mucho con reforzadores para que el niño realice determinadas acciones o peticiones. Pero si aprendemos a usar adecuadamente los reforzadores emocionales, los aprendizajes son más sólidos y duraderos en el tiempo. Usamos en parte ese “egoísmo” que tienen los niños, y que en los niños con autismo es mayor, dado que normalmente en casos de niños con poca comunicación sus peticiones son siempre para satisfacer alguna necesidad o deseo personal. No es habitual que el niño pida algo para satisfacer a un tercero. De esta forma usaremos sus debilidades de forma que las convirtamos con el tiempo en fortalezas, haremos que su gestión emocional sea mejor, que aumente su autoestima, que su tolerancia a la frustración sea mayor, pero sobre todo, mejoraremos a calidad del aprendizaje y por tanto su calidad de vida.

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